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Queen of Diamonds (Nina Menkes, EUA, 1991, 77')

Foco: Historia permanente del cine

 

Queen of Diamonds, Nina Menkes, EUA, 1991, 77'

 

Reina de diamantes

 

Un martes a las 11:30 de la mañana me llegó un correo de una amiga. Decía:

 

Es buenísima, está “ahí” con Wanda, Akerman, Varda! 

 

Se refería a Queen of Diamonds de Nina Menkes (1991). 

 

Cuando pude ver la película se me quedó grabada una imagen: una palmera arde en medio del desierto mientras dos personas, un hombre y una mujer, observan a distancia. No hacen nada. Simplemente, observan las llamas durante el tiempo que dura el incendio. Él se marcha algo antes, pero ella resiste. Inmóvil, con los brazos apoyados en su cintura, espera en la parte de la derecha del plano, hasta que la palmera, en la parte de la izquierda, se consume del todo. La vemos de espaldas. La observamos mientras ella observa. Su inmovilidad hace que, si no fuera por el fuego de la palmera, pudiéramos pensar que estamos ante una fotografía. Ese gesto de quietud, y la paradójica sensación de inquietud que genera en el espectador, es una de las esencias de la película. 

 

Ella es Firdaus, la protagonista de Queen of Diamonds, interpretada por la hermana de la directora, y también comontadora, Tinka Menkes. Firdaus es una crupier de blackjack en un casino de Las Vegas. Una mujer solitaria de la que no tenemos demasiada información y a la que veremos atravesando, siempre a pie, los paisajes de Las Vegas: del motel donde vive al Casino donde trabaja, del Casino donde trabaja al apartamento donde cuida de un anciano, del apartamento del anciano al motel donde vive y vuelta a empezar. 

 

Su nombre se inspira en el libro Mujer en punto cero (1973) donde la escritora egipcia Nawal El Saadawi da voz a Firdaus, una condenada a muerte por el asesinato de su proxeneta en una cárcel del Cairo. En el libro, Firdaus relata su vida. Un recorrido por un sistema cruel con las mujeres: mutilación genital, violación y prostitución. La Firdaus de El Saadawi afirma: “Soy una asesina, pero no he cometido ningún crimen”. La Firdaus de Nina Menkes también es un personaje en contra del sistema pero, en lugar de transmitirlo a través de su relato, lo hace a través de sus acciones: la indiferencia y la apatía. 

 

La primera imagen que vemos de la protagonista de Queen of Diamonds son sus largas uñas rojas, un reloj en la muñeca y un anillo que asoman por debajo del edredón. Es un primer plano, pero su cara está tapada. En toda la película no veremos un primer plano del rostro de la protagonista. Nina Menkes consigue una cosa extraordinaria: construye una película protagonizada por un personaje secundario. Reivindica una posibilidad: preferir no ser protagonista.

 

La película está compuesta por fragmentos visualmente hipnóticos: una palmera en llamas, tres elefantes bailan por la noche, el paisaje en ruinas de Salton Sea, el anillo de Firdaus aparece dentro de un pescado al horno. Son planos largos y estáticos, la duración se hace presente. El personaje principal siempre habita los encuadres desde un segundo plano. Erika Balsom recoge unas declaraciones de la propia directora que decía que Queen of Diamonds “es sobre la experiencia de estar de fondo” y admiraba la capacidad de su hermana-protagonista de poder ser invisible y, aún así, liderar. 

  

La primera imagen que vemos de Firdaus también anticipa otra de las características del universo retratado por Menkes: las largas uñas rojas, el reloj y el anillo predicen el mundo de brillantina, neones, juego, dinero, falsedades y simulacros de Las Vegas, un lugar que impresionó a la directora cuando fue allí a localizar. No es casual que la secuencia central de la película retrate el mundo como cúmulo de transacciones. Una secuencia que contrasta con el resto de la película porque es el único momento donde hay zooms, movimientos de cámara, un montaje acelerado y un sonido claustrofóbico de monedas, fichas, máquinas y voces. Firdaus permanece en su puesto de crupier y juega mano tras mano. Todas son iguales para ella, una reproducción infinita de cartas y gestos. Firdaus permanece inalterable, imperturbable, inexpresiva, con su rostro pintado con polvos blancos como a lo largo de toda la película. Como si ella misma llevara una máscara. Firdaus está atrapada en un sistema que pone el beneficio por encima de la vida y la dejan totalmente al margen. ¿Y si, en lugar de intentar encajar en ese sistema impuesto, el mayor gesto de resistencia fuera la indiferencia? ¿Por qué intentar luchar, incluso ganar, en un sistema que no nos gusta, que nos repugna? 

 

Queen of Diamonds plantea este tipo de preguntas a través de un nuevo modo de contar. Aunque llamó la atención en su estreno en 1991 en Sundance, gracias a la restauración de The Academy Film Archive y The Film Foundation en 2018, ha vuelto a la primera línea de la programación contemporánea. Una pieza imprescindible de la historia del cine, ahí con otras directoras esenciales como Chantal Akerman, Agnès Varda o Barbara Loden.

Lur Olaizola

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